El secreto de Adela
Los jueves cuando caía la tarde Adela siempre salía de su casa con rumbo al parque. Ella siempre prefirió esa hora cuando el pueblo parecía detenerse y las calles eran más solitarias.
En el parque los viejos se sentaban en las bancas de madera carcomida y despintadas por los años a platicar de sus victorias, o bien, de alguna que otra mal recordada historia que la mayoría de las veces concluían de forma prematura. En fin, para ellos, siempre era mejor una aburrida y repetida historia de algún viejo amigo que sufrir la soladedad de sus hogares.
Adela era una mujer joven de cabello largo y rizado y de mirada triste. Su rostro solía dibujar una sonrisa la cual murió repentinamente y fue olvidada por todos con el tiempo.
Su estatura era ligeramente mayor a la estatura promedio de una mujer de su edad, aunque su postura al caminar la hacía verse más pequeña que el resto.







